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Grupo de Teatro


Teatro "La Albarca"

La formación, que echó a andar hace más de 45 años, está compuesta por unos 15 actores, todos ellos residentes en Cabanillas, quienes demuestran cada año sus grandes dotes artísticas sobre el escenario. Un trabajo que, en buena medida, se debe al director del colectivo, Angel Arellano que en 2017 cumple 25 años al cargo de la dirección del teatro.

Las representaciones que realizan tienden a la comedia costumbrista y al drama; y siempre orientado a todos los públicos ( abuelos, jóvenes y niños). La idea siempre es la de divertir al público.

El nombre de “La Albarca” surgió de la idea de mantener un valor rústico a esta asociación y por eso nos basamos en un calzado típico del campo que se usaba antiguamente en Cabanillas.

El grupo de teatro La Albarca se ha convertido en uno de los colectivos más veteranos de este arte en la Ribera y estrena una obra cada año desde que se fundó. La formación prefiere la comedia para divertir al público.

Historia

Transcurría la década de los sesenta cuando una familia de artistas ambulantes, decidió que ya era momento de quedarse y dejar de recorrer caminos.

Tenían unos cuantos hijos, y esa vida se hacía cada vez más dura. Se llamaban Diego Calle y Tina López, y eligieron asentarse en Cabanillas.

Diego puso una barbería, y en los tiempos libres de que disponía, ejercía también de pintor. Tina se dedicaba al cuidado de los niños, pero por sus venas corría el “gusanillo” del teatro, y junto con su hermano Dámaso, consagrado actor profesional, el 9 de Diciembre de 1967, a beneficio de la obra de ejercicios espirituales, y ayudados por un grupo de jóvenes del pueblo pusieron en escena la obra de Casona “Los árboles mueren de pie”.

¡Y ahí!, justo ahí, comenzó la historia de teatro de Cabanillas.

Nosotros éramos aún pequeños para entrar en el cine Mariví y ver el teatro que se representaba cada año. Ahora, ya de la mano de Roberto Rodríguez. Con actores noveles como Rita, Fernando, Esther, Carmen, Foro y un larguísimo etcétera.

Por suerte, entramos a formar parte de “ la orquesta” de Doña Carmen actuando al final de la obra. ¡Éramos los teloneros!.

Así que, allí estábamos con nuestros uniformes y nuestras pajaritas entre bambalinas.

Allí estábamos contemplando un mundo nuevo. Un mundo de historias y dramas, bien interpretados. Embelesados viendo a nuestros hermanos y conocidos convertidos por arte de magia en otras personas, era LA MAGIA DEL TEATRO.

Y nos “enganchamos”.  Nosotros queríamos formar parte de todo aquello.

Queríamos hacer teatro y cada año una representación.

No era fácil. Teníamos que salir cada noche de casa durante tres o cuatro meses con mucho frío, y los sitios que encontrábamos para los ensayos no eran los más cómodos.

Recuerdo con añoranza que  en el local teníamos una estufa de leña… por supuesto apagada, y era tal el frío que decidimos llevar de casa cada día un “zoquete” de leña para poder estar un poco más calentitos.

Éramos tan pobres que al apuntador lo metíamos en una caja de cartón de frigorífico delante del escenario. Nuestro equipo de sonido era un viejo radio-cassete que manejaba desde donde podía nuestro párroco Don Juan Antonio Melero.

¡ Y aún puedo oír los “gritos” de Roberto!.

Lo veo subiéndose furioso al escenario interpretando la escena. ¡ Con que facilidad lo hacía!. Y tú ahí intentándolo cien veces y no había manera. Subía él, y los demás callados, serios, expectantes. Era el director y lo hacía de maravilla.

Nos corregía, nos dejaba hacer, nos exigía, pero cuando el ensayo terminaba y salíamos todos juntos por la puerta a tomar el último café éramos algo que se había creado sin apenas darnos cuenta. Éramos  : ¡LA FAMILIA DE TEATRO!.

El tiempo pasó, y Roberto nos dejó. Pero también nos dejó una gran herencia: el amor por el teatro.

Y ahí seguimos cada año buscando, adaptando, ensayando… pero fiel a la cita llega: el teatro.

Mucho ha cambiado todo desde entonces, escenarios, lugares de ensayo, medios técnicos, pero cuando se abre el telón el teatro es en esencia tal y como hace siglos: personas contando una historia y como únicas formas de expresión su voz, su cuerpo, sus manos y un texto aprendido.

Así escrito parece muy simple pero es mucho más…

Son actores, director, adaptación, apuntadoras, decoradoras, maquilladoras, transportistas, etc..

Son nervios, risas, pequeñas peleas, emoción.

Y al final lo más importante: ¡EL APLAUSO DEL PÚBLICO!. Ese cálido aplauso que te anima a seguir.

Y desde estas páginas os animamos a todos jóvenes a que sintáis todo eso que he relatado. Os animamos a experimentar LA MAGIA DEL TEATRO, a que entréis a formar parte de esa gran familia.

No hace falta llamar a ninguna puerta. La puerta está abierta desde hace 45 años.

Ángel y Emmi